miércoles 18 de noviembre de 2009
Hablemos de economía
miércoles 30 de septiembre de 2009
Solución propuesta: Limitar el horario de boliches
No se termina de entender bien cuál es la relación que pueden llegar a tener estos dos fenómenos. Y mucho menos teniendo en cuenta que “la solución” afecta también a derechos de los que no son menores, que verán restringida su posibilidad de diversión. Entiendo que para los que no son habituales concurrentes de sitios nocturnos esto puede ser una medida mínima, pero sin embargo no es así para los que sí concurren y no podrán entender que no le quieran vender un trago después de las cinco o seis de la mañana por tal irracional medida.
Teniendo en cuenta que en General Roca está vigente una ordenanza que prohíbe la venta de alcohol a menores de 18 años (3396/01) la posición a favor de la limitación pasa a ser ridícula (o quizás fascista).
Cualquier tipo de limitación horaria a implementar tiene que surgir de un acuerdo voluntario de los propietarios de los boliches, o que el propietario de determinado boliche decida poner una hora de cierre a su establecimiento, tal como lo hace un kiosko o un restaurante.
En cualquier sociedad racional, ante el problema de los menores alcoholizados se aplicaría, obviamente, la legislación vigente, que sanciona con multas y clausura a los expendedores que la incumplan. Imagino que habrá que hacer inspecciones más severas, controles más estrictos y con eso se estará actuando directamente sobre la raíz del problema
Asumiendo este supuesto, propongo a los propietarios de boliche un método muy simple que tengo entendido que se utiliza en algunos boliches de Estados Unidos.
Cada vez que una persona ingresa a un boliche se le exige identificación y en caso de ser mayor de 18 se le pone una pulsera de papel autoadhesiva (de las que se usan como entrada en automovilismo). Los empleados de la barra solo despacharán bebidas alcohólicas a los que muestren la pulsera y de esta manera estarán perfectamente cubiertos con respecto a las sanciones previstas en la ordenanza.
Esta simple medida es preferible antes las irracionalidades propuestas, que son producto de legisladores que el único interés que tienen es demostrar que “se están ocupando” del asunto.
viernes 11 de septiembre de 2009
La limitación.

Particularmente creo que los temas instalados por la agenda oficial tienen el efecto cortina de humo para que no se hable de la debilidad política, de las dificultades de las finanzas públicas, de la pésima relación que el gobierno tiene con muchos sectores económicos y con muchos gobernadores, de los crecientes casos de corrupción, de la abrupta caída de nuestra imagen internacional y del creciente deterioro del bienestar social, educación, salud, desnutrición, desempleo, seguridad y otros asuntos afectados por el tramo descendente del ciclo económico.
Los temas que surgieron últimamente son realmente apasionantes, alcohol y drogas. El ministro Fernandez constantemente manifiesta los beneficios de la despenalización del consumo de drogas y paralelamente el enorme daño que el alcohol causa en nuestros jóvenes. Sería muy entendible su posición si se tratase de un activista rastafari, pero en boca de Fernandez suena bastante parecido a una contradicción.
El gobernador Scioli, ahogado financieramente, con innumerables problemas en el interior de la provincia y debiendo obediencia a Kirchner también se sumó rápidamente a la cruzada contra el alcohol, como para atenuar así su incómoda posición.
La brillante propuesta planteada como solución consiste en cerrar las puertas de los boliches a la una de la mañana, es decir, quién no entró antes de la una se queda afuera. Los boliches podrán expender alcohol hasta las cuatro y media y deberán vaciar el local a las cinco y media. Caso contrario deberán abonar cuantiosas multas. Todo en nombre de “poner límite el descontrol”.
Alguna vez he planteado desde este espacio la preferencia de nuestra ciudadanía por las medidas autoritarias. Sé que mucha gente está muy de acuerdo con esta medida y creé que los jóvenes no tienen la libertad de divertirse como les dé la gana.
Parece algo muy simple, hay que acostumbrarse a salir más temprano y listo. Y como remate se dice que en muchos países que sin dudas son ejemplo a imitar, los boliches funcionan en esa franja horaria.
Sin embargo, semejante medida es inaplicable en la Argentina, salvo que por la fuerza se quieran cambiar pautas culturales.
En cualquier restaurante de muchas zonas de Buenos Aires se puede ir a cenar a la una y media, y esto no pasa casi en ningún lugar del mundo. Es cultural cenar tarde, es cultural tomar algo en un bar y es cultural ir tarde a un boliche. Y las costumbres que no atentan contra terceros no se cambian con leyes.
No voy a subestimar la inteligencia de Scioli ni la de Fernandez (sí, la de los pro-fascistas que apoyan la medida) por eso se me ocurre que la inclusión de este tema en la agenda de asuntos importantes no es más que una cortina de humo.
sábado 1 de agosto de 2009
El italiano y el alemán
Justicia, perdón, olvido y arrepentemiento a veces son cuestiones altamente complejas.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1157296
Particularmente no pude tomar una posición al respecto.
martes 30 de junio de 2009
La puerta abierta
A primera vista podemos resaltar el contudente triunfo del candidato de Soria, el respaldo de los votantes a las gestiones municipales y el impresionante crecimiento del Ari.
Es de suponer que la decadencia del kirchnerismo arrastrará también al casi extinguido radicalismo K, y por lo tanto al gobernador Saiz (que igualmente no puede presentarse a un nuevo mandato). Pero el radicalismo provincial excede a Saiz. Hay dirigentes radicales con muy buena relación con el radicalismo orgánico y con el cobismo.
Por su parte hay dirigentes no oficialistas de peso que no son contenidos en ninguno de los dos partidos mayoritarios, como Odarda o Weretilneck.
Ante esta situación, están dadas las condiciones para que en la provincia de Río Negro se replique el exitoso modelo del Acuerdo Cívico y Social, que nuclea a la UCR, a la Coalición Cívica y otras fuerzas.
Obviamente no es de esperar que esta nueva fuerza aglutine a la totalidad de los 137.000 votos obtenidos el domingo, pero sin dudas se convertirá en la fuerza política principal de la provincia.
El desgastado radicalismo provincial necesita refrescarse, cambiar caras y liderazgos. Por su parte la dirigente del Ari y el intendente cipoleño, saben que tienen un importante caudal de votos que desea proyectarlos mucho más allá de lo que sus estructuras partidarias les permiten.
Pero el radicalismo sí tiene estructura. Los 72.000 votos (27,5%) del candidato Castañón se pueden adjudicar mayormente al funcionamiento del aparato del radicalismo provincial, ya que a nivel de propuestas, carisma, popularidad y definición política nacional el barilochense fue una incógnita.
Sin dudas a nivel nacional sería visto con muy buenos ojos de cara al 2011 que el acuerdo entre Coalición Cívica y UCR se concrete en la provincia de Río Negro, para ayudar a la verdadera lucha de este espacio que es luchar por la presidencia de la Nación.
La puerta para el acuerdo está abierta, y si no se interponen mezquinos intereses personalistas (algo muy usual en la política) será una realidad.
lunes 22 de junio de 2009
Vamos a votar en la interna peronista.
Las dos listas que pelean por el triunfo en el distrito más importante son peronistas, tres de las cuatro que participan en Córdoba también y dos de las tres más importantes de Santa Fé también. O sea, en tres de los cuatro distritos importantes los votos peronistas serán amplia mayoría. El restante es la ciudad de Buenos Aires que siempre le fue muy esquiva al PJ.
En el corto plazo se puede hablar de kirchnerismo y antikirchnerismo, es cierto, en principio parece que habría bloques separados, algo así como leales y rebeldes, pero se trata de una cuestión coyuntural y no de fondo. Quizás por eso se encargan de despejar mediáticamente cualquier sospecha al respecto.
Conociendo la historia de algunos dirigentes como Pichetto, Scioli, Reutemann, Solá y hasta el mismo Kirchner, sabemos que siempre han estado del lado del peronista de turno en el poder, es decir, han sido sucesivamente menemistas, duhaldistas y kirchneristas, (obviamente no critico el comportamiento lógico de apoyar al partido al cuál se pertenece). No podemos dejar de sospechar que en el postkirchnerismo (o antes) los legisladores de raíces peronistas vuelvan a unirse en un mega-bloque. Se dice que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.
Quizás el planteado no sea el escenario más probable, y quizás gobierno y oposición estén claramente diferenciados en los dos bloques durante los próximos dos años; el pro-peronista y el oficialista. Sin embargo, no podemos asegurar que este escenario tenga el cien por ciento de las probabilidades de ocurrencia.
Existen otros escenarios. El más dramático e improbable es el de la renuncia (ante el fracaso electoral). Ante una eventual renuncia de la presidenta, o sea el fin de la era kirchnerista, ya no habrá motivo de división en el peronismo, y todos (o la gran mayoría) se encolumnarán detrás de un nuevo líder.
Algo más probable es que el gobierno reciba algo de aire en las urnas y que Kirchner triunfe en Buenos Aires. En cualquier caso, el oficialismo va a perder representantes en las cámaras, y no sería extraño que tenga que salir a comprarlos. A veces es más fácil comprar a un diputado o un senador que ganar una elección. No hay que ser muy ingenuo. Y carne de cañón serán los representantes de lo que podemos llamar el “peronismo expectante”.
Difícil es imaginar lo que pueda ocurrir de acá a diciembre, con el condimento de una crisis económica internacional, la economía argentina en recesión y los ingresos del estado cayendo en picada en relación a los gastos. Los K son casi imbatibles en el rubro sorpresas y ases en la manga. Hoy nadie duda de que si la fórmula no era Kirchner-Scioli el oficialismo estaría peleando el segundo puesto en Buenos Aires o que si no estatizaban las AFJP estaría el gobierno con serios problemas fiscales. Quizás en un tiempo descubramos que la medida de adelantar las elecciones también fue acertadísima en términos políticos.
Lo único que podemos tener en claro es que el futuro es de los peronistas.
viernes 19 de junio de 2009
La sátira que desnuda un vacío de ideas

Joaquín Morales Solá
Para LA NACION
En un lúcido artículo publicado en el diario El País , de Madrid, Julio María Sanguinetti se preguntaba hace pocos días, a propósito de las parodias argentinas de "Gran Cuñado", si la sátira "no terminará desviando el juicio sereno de un votante hacia anécdotas y estereotipos necesariamente farsescos". Con su estilo claro y riguroso, el ex presidente uruguayo invitaba a reflexionar "sobre la manera en que un programa de esta naturaleza puede transformarse en un escenario decisivo desde el punto de vista político".
Coincidiendo con Sanguinetti, debemos llegar a la conclusión de que el programa de Marcelo Tinelli no resulta ajeno al curso de la campaña electoral ni al vaivén de las encuestas. El conductor se preocupó muy poco por su neutralidad, pero es probable que el día después de las elecciones debamos analizar el "efecto Tinelli" en los resultados del 28 de junio.
La audiencia de "Gran Cuñado" ha caído 10 puntos desde su espectacular estreno. No obstante, sigue contando con un rating que lo convierte, de hecho, en la más grande vidriera de la política argentina. Salvo algunas excepciones (Elisa Carrió y Néstor Kirchner, por ahora), la mayoría de los políticos parodiados decidió concurrir al programa, dialogar con su imitador y hablarle al resto de los histriones como si fueran los personajes reales y no sólo eficientes actores. Los políticos no ganan mucho respeto con esas presentaciones, pero ellos mismos justifican su decisión señalando que es preferible estar ahí ante la alternativa de no estar.
No estar ahí significa desaparecer. ¿Qué han hecho para que sólo hablando de frivolidades, protagonizando diálogos ilusorios o haciendo de su trabajo un ejercicio de humor les devuelva la sensación de existir? Un programa de humor sobre la política y los políticos tiene vastos seguidores en todo el mundo. La rareza argentina es que ese programa se está levantando como una suerte de areópago de la política local, en el que su influencia podría ser decisiva en las elecciones inminentes y más cruciales de la era kirchnerista.
Un programa de humor concluye para la reflexión colectiva en el mismo instante en el que su conductor se despide. Los televidentes sueltan entonces sus últimas risas y sonrisas para volver de inmediato a sus menesteres.
La pregunta que deberían hacerse los candidatos es si no pasa lo mismo cuando ellos hablan en serio en formales programas políticos. Para decirlo sin tantas vueltas: el problema de la política argentina no es "Gran Cuñado", sino su vaciedad conceptual y su módico fardo de ideas.
Los discursos de campaña son patéticos en ese sentido. Los argentinos están condenados a pasar de la nostalgia kirchnerista por un tiempo que no volverá (con agravios incluidos) al voluntarismo sin propuestas del peronismo disidente, atravesando también el repetido código de buenas intenciones del no peronismo. ¿En qué país quisiera cada uno de ellos que vivieran los argentinos? ¿En qué mundo inscribirían ellos a la Argentina? Sólo se sabe que los opositores, sean peronistas o no peronistas, quieren volver a un sistema político más tranquilo y consensual. Una obviedad para la mayoría social fatigada del método kirchnerista.
* * *
El único favor que la política le debe a Tinelli consiste en que resucitó a la propia política, aun en medio del sarcasmo y la burla. Entre tanta confusión intelectual, el conductor -o su programa- no ha dejado de mostrarse como un argentino más, con sus debilidades, sus vicios y sus desenfrenos. La votación para premiar o castigar es así no más, cargada de desconocidas, pero supuestas chapucerías. No es transparente, pero a nadie le importa que lo sea.
Los dos personajes más beneficiados por las imitaciones, Néstor Kirchner y Francisco de Narváez, y los más perjudicados, Julio Cobos y Carlos Reutemann, hablan del conductor (¿y por qué no de una fracción de la sociedad argentina?) más que cualquier manual de sociología. El personaje ficticio de Kirchner es un hombre pícaro, hábil y oportunista, que resulta muy distinto del Kirchner real, autoritario, manipulador y malhumorado.
Sin embargo, una porción social importante es siempre seducida por un audaz enredador, capaz de sortear la ley y las normas para sacar provecho propio. ¿En qué otro país del mundo se le hubiera perdonado a un político que se llevara al extranjero los recursos fiscales del estado que gobernaba para protegerlos del propio Estado? ¿Cuántos dirigentes argentinos han sido sacralizados por saber todo y no entender nada? Esas cosas pasan sólo en la Argentina.
De Narváez consiguió la popularidad que necesitaba a través del programa de Tinelli. ¿Lo describe como un hombre rico? Sí. Es rico. Hay entonces que sacar otra conclusión: los argentinos no detestan a los ricos, como supone el Gobierno. Una mayoría, al menos, quiere alcanzar esas cimas de riqueza. En el pobre conurbano bonaerense, la gente común le pregunta a De Narváez por los autos Mercedes-Benz y por los relojes Rolex que le adjudicó Tinelli. Tiene curiosidad por saber de esas cosas y no las rechaza.
Cobos y Reutemann son retratados como personas indecisas (y ninguno de ellos lo es), extremadamente callados y grises. Después de Menem, de Kirchner y hasta del propio Raúl Alfonsín, los argentinos parecen identificarse con líderes épicos, centrales, capaces de reescribir la historia a partir del arribo de ellos mismos a la historia. El diálogo y el consenso, y el necesario decurso de una democracia aburrida, es sólo un anhelo social que coincide con el deber ser. No hay otras constancias, más que esos vagos y fugaces sueños colectivos.
Un fenómeno político de tanta levedad no desmerece al conductor del programa ni al programa, sino a los dirigentes políticos argentinos, que pueden estar con igual comodidad y pertenencia en un programa de humor o en un recinto parlamentario. En aquel artículo, Sanguinetti destacó que "la razón es la gran ausente" en el ciclo de Tinelli. Es cierto: la razón no está ahí. Pero, ¿dónde está?

